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Autor: Eduardo Barrionuevo - Fecha: 2020-05-23

JACQUELINE KIPLIMO Y UN GESTO INOLVIDABLE

Es una atleta keniana, que nació en 1984. En marzo de 2010, participó en el Zheng Khai Internacional de China. La competencia atrajo a más de 1.500 atletas, entre ellos 200 extranjeros procedentes de más de 26 países.

Durante este evento, el mundo se sorprendió por cómo Jacqueline aminoró el ritmo, sacrificando su propia victoria que la habría hecho ganar 10.000 dólares, para ayudar a un atleta discapacitado de China.
Durante la competencia, la temperatura era alta y húmeda. Incluso los mejores atletas se deshidrataron y se llenaron de agua en varias estaciones de agua. Jacqueline Kiplimo lideraba la competencia, pero se dio cuenta de que un atleta discapacitado quería hidratarse, aunque debido a su discapacidad no podía agarrar una botella.

El corredor chino le pidió ayuda a sus compatriotas, pero nadie quería ayudarlo. Cuando Jacqueline se dio cuenta de eso, decidió ayudarlo y sacrificar a su victoria. Aminoró el ritmo y comenzó a darle agua para beber. Ella hizo esto desde el kilómetro diez hasta el 38.Durante este tiempo, otra atleta keniata llamada Emily Samoei aprovechó ritmo más lento de su compatriota y la superó.

Cuando Jacqueline Kiplimo se aseguró que el atleta sin antebrazo estaba fuera de peligro, aceleró. Esto sucedió a 4 kilómetros del final de la carrera. Pero claro, ya era demasiado tarde y la competencia fue ganada por Emily Samoei. La vencedora ganó 10.000 dólares, mientras que Kiplimo entró segunda y obtuvo 6.000.

El atleta chino perdió su brazo en un accidente de tráfico cuando tenía 8 años de edad y un mes más tarde se volvió a encontrar con Jaqueline en la Media Maratón Yong Zhou en China. Fue allí que toda la familia del runner chino se acercó a la keniata para agradecerle lo que había hecho.

A partir de ahí, la atleta keniata se dio cuenta que podía ayudar de verdad y no solo con lo que hizo un año antes en Zheng Khai. Así, creó la Fundación Jacqueline Kiplimo para personas con discapacidad a la que dona la mitad de los ingresos obtenidos en cada una de sus carreras. Jacqueline cree que lo que pasó, no fue un azar sino una llamada de Dios.

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