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Autor: Eduardo Barrionuevo - Fecha: 2020-05-05

LUCAS MARTINO

Lucas nos cuenta en una entrevista en vivo muchas de las cosas que pasó de chico y en su adolescencia que lo llevaron al lugar donde está hoy parado: Ser una persona que habiendo  superado problemas, ayuda a todos los que puede a ser mejores y cuidar su salud.

Nos cuenta su historia:

" A los diez años pesaba 95 kilos y tenía el doble de paso que mi maestra de grado. Todo vino por canalizar ansiedad por una pérdida muy importante en mi vida.

Tener terapia y psicología me ayudo a darme cuenta que la pérdida de un familiar desencadeno todo. A los cinco años falleció mi abuela y eso trajo como resultado un trastorno de alimentación. La unión con mi abuela venía relacionada con la comida. En ese tiempo mis viejos trabajaban y ella era la única que me podía cuidar. Era mi segunda mamá.

Ella sufre una degeneración del cerebro y no me reconocía, eso no me lo olvido nunca más. La enfermedad se la “comió” en un año. Cómo típica abuela italiana, el vínculo más cercano que armamos era relacionado al comer. “Cómo las pastas de mi abuela no hay”. Con todo esto se empieza a ver un cambio en mí. Hasta los cinco años tenía un formato de cuerpo que, cuando muere, lo deje de tener. Comencé a comer de manera desenfrenada hasta llegar a esa barbaridad de kilos a los 10 años.

Tengo una familia que la pelea mucho, mis viejos sufrieron mucho. Mi mamá con 18 años estudia, trabajaba y cuidaba a mi abuela cuando era chica. A mi viejo lo abandonaron siendo bebe en una canasta. La vida en ese momento éramos los cuatro.

A los trece años, con más de cien kilos, me la pasaba a las peleas en el colegio. Hasta que en un momento dije basta. Pero, además, en ese tiempo estaba de moda fumar y me enganche para en teoría manejar el apetito. No es lo que recomiendo, pero lo hice. Fue el primer método que tenía a mano y me integraba socialmente con un grupo. Era ir a la esquina del colegio y fumarse un pucho.

A todo esto voy a una nutricionista con mi vieja y tuve la mala suerte de caer en una que no sabía. Estando ya con 140 kilos nos dice de manera despectiva y tono de asco: “Señora, su hijo es muy gordo”. Llegue tan angustiado a casa que me di cuenta que ni esto ni el pucho era la solución.

Le pedí ayuda a mi papá y me lleva a con Abel Adonio, boxeador muy conocido, y ahí comencé con el deporte. Ya a los quince años pude cambiar bastante el tema de mí cuerpo.

Mi familia tenía antecedentes de cáncer y a los 25 años me encuentran un tumor benigno. En el hospital que fui hacerme ver me diagnostican mal. El médico me dice. “No te quiero operar, sos demasiado joven”. Ese tumor me frunció por completo y definí que hasta acá llegue con el cigarrillo. Lo deje.

Me extirparon el tumor y comenzó el cambio en mi vida. Rompí ese último paquete y me guarde el último cigarrillo cómo recordatorio. Ya llevo muchos años limpios… Nunca más.

A veces no razonamos muy bien, no tenes que llegar al último día de tu vida para decir por qué no deje de fumar antes o por qué no deje de comer mal antes. Somos hijos del rigor y nos tiene que pasar algo muy fuerte para tomar conciencia y hacer un cambio."



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