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Autor: Eduardo Barrionuevo - Fecha: 2020-07-17

AMPUTACIÓN Y REINICIO

Pepe Cespedes vivió toda su vida en Ensenada, provincia de Buenos Aires y hoy tiene 39 años. En este tiempo se casó , tuvo 4 hijos y se convirtió en un amante del deporte. Pero esta última pasión no le surgió de adolescente, antes de los 25 años solo era de jugar al fútbol con amigos. Un acontecimiento que le ocurrió a los 22 años hizo que todo cambiara y encontrará en la actividad física “su cable a tierra”.

El 20 de Enero de 2004 es una de las fechas memorables que tendrá para toda su vida Pepe, lamentablemente su recuerdo no traerá una sonrisa.

Trabajando en la recolección de residuos en su ciudad y a solo 10 cuadras de iniciar su turno, sufre un accidente de tránsito. Un colectivo de línea que estaba por llegar a terminar su recorrido, el cual el chófer se quedó dormido, impacto contra el estribo del camión en donde se encontraba el protagonista de nuestra historia. Este impacto desbastador, envía a Pepe dentro del buche del recolector con golpes desde la nuca hasta los tobillos.

Antes de seguir, se puede contar esta historia ya que este camión no era de última generación, tenía un sistema de aplastamiento de residuos “manual”. Si hubiese pasado todo esto con una unidad que trabajara de manera “automática” el movimiento de las ruedas traería consigo que aplaste todo lo que se encontrará en el compartimiento, incluido a Pepe.

Luego del golpe intentó levantarse y no podía. Cuando mira para abajo a donde estaban sus piernas, las encuentra destrozadas y veía al chofer del micro que caminaba por el costado agarrándose la cabeza. Sus compañeros gritaban de la desesperación.

A metros del accidente vivía un médico que al escuchar todo lo que ocurría salió de su casa y le hizo los primeros auxilios. Pepe recuerda y agradece: “es una de las personas por la cual hoy estoy vivo.”

En un primer momento, la Policía pensó que estaba muerto pero gracias a que uno de los espectadores notó un signo de vida, decidieron llevarlo de urgencia al Hospital Gutierrez de la ciudad de La Plata. Ese viaje lo realizó dentro del mismo buche del camión.

Para que sea más dramática la situación, dentro del hospital se encontró con un gran problema, no tenían anestesia para realizar la operación. Personal de salud, Policía, conocidos y otras personas que se encontraban en el centro de salud realizaron una colecta para comprar lo necesario.

Una vez solucionado esto la duda entre los doctores pasaba si amputaban o no, y en esa disyuntiva, él dice “córtenme las piernas que no lo aguanto.”

Resultado de todo: Le amputan las dos piernas. “tuve la suerte de solo romperle las piernas, me podía haber dejado cuadripléjico o matado.”

Pasada la amputación lo llevan al Instituto Medico Platense para terminar los estudios y estabilizarlo. Su estado crítico lo lleva a estar en coma durante veinte días, tenía comprometida la espalda, los pulmones y los riñones por el impacto. Hubo un momento en el que todo parecía que se terminaba, a tal nivel, que los profesionales recomendaron que estén con él esa noche ya que iba a ser la última. Una noche para la despedida.

Pero algo milagroso e inexplicable pasó, se empezó a recuperar…

A las 5 de la mañana de esa, en teoría, la última noche en la terapia se despertó. “Empecé a escuchar mí respirador, me dio una angustia terrible. Se me acercó el enfermero y cuando me escucho balbucear me pidió que me calme para llamar a los médicos.”

Le sacaron los tubos y empezó a pedir: “Cámbienme de habitación, no quiero estar entre gente que se está muriendo. Yo quiero vivir.” Dicho eso lo cambiaron de habitación para recibir visitas y arrancó con su recuperación. En menos de otros veinte días de internación, le dieron el alta y volvió a su casa.

Los primero dos años no fueron fáciles, no quería aceptar la discapacidad. “Estuve enojado con Dios, mi familia y el mundo.”  Hasta que me hice una repregunta: “¿Por qué no busco lo positivo de esto? Y comencé a cambiar las preguntas que me hacía, del ¿Por qué a mí? a ¿Por qué no a mí?” Desde ese día empezó a encontrar las cosas positivas, mejoró la manera de tratar a la familia y hasta cambió la manera de ser. Me hizo ver la vida desde otro punto de vista y aprovechar todo al máximo.


Aquí es donde aparece con fuerza el deporte. Arrancó con el Básquet y siguió con el levantamiento de pesas, en esta última actividad llegó hasta el nivel de representar a Argentina en competencias. Siguió el Remo adaptado y Atletismo. “Encontré en el deporte una salida y cosas positivas. No sabía para donde disparar con mi energía y se fue convirtiendo en mi cable a tierra.”

“¿Qué deportes me faltan hacer? Me quedan un montón sin probar. Como objetivo personal, tengo pendiente esquiar o escalar. Me gustan los deportes extremos, en los que la adrenalina juega un papel fundamental.”

Ya sin otras secuelas en el cuerpo se encuentra representando a Ensenada en Básquet y hace Stand up Padel, Surf adaptado y bici de mano. Deja en claro que hace tantos deportes como puede gracias a que se va superando día tras día y tiene una familia que lo acompaña en todo lo que hace. Siente que las limitaciones están en las mentes de las personas.

 “Lo peor que se le puede decir a una persona con discapacidad es decir que no puede hacer algo. Mi fundamento principal fue superarme y transmitirles a otras personas con discapacidad o que sufrieron accidentes que si se puede. Soy un agradecido de la vida, sé que soy quien soy por todo lo que tuve que atravesar. Mi adaptación no pasó por aprender a vivir sin piernas, sino por buscar lo positivo en todo.

 Busco en lo negativo, lo positivo; no volvería el tiempo atrás, porque mis experiencias me llevaron a estar donde estoy, conocer las personas que conocí, recorrer los lugares que recorrí, y practicar los deportes que hice o hago. Soy Pepe Céspedes por todo lo bueno y malo que viví, por los errores que cometí y todo lo que aprendí.”

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