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Autor: Eduardo Barrionuevo - Fecha: 2019-03-04

VIVIANA CHAVEZ

Nacida en Astica, San Juan, es parte de una familia que tuvo que remarla siempre. Su familia que  estaba compuesta por sus padres y tres hermanos tuvieron que pasar momentos de vacas flacas por la crisis del 2000. Superó todo y logró ser una de las mujeres Olímpicas en Rio 2016.

Esto es lo que Viviana le contó a HISTORIAS DEPORTIVAS: 

Mi kilometro 0 fue en Astica, San Juan, que tiene una población de mil habitantes. Soy de una familia muy humilde, me levantaba con mis padres a las cuatro de la mañana a hacer tortitas y cosas dulces  para vender. Si tenía que recorrer todo el pueblo en bici, lo hacía.


Jugué al futbol hasta los doce y siempre la actividad física estuvo presente en mi vida. Me gusta  mucho. Cuando finalice la secundaria, me vine a la La Rioja a realizar el Profesorado de Educación Física. Hice todos los deportes estando allí. Nunca entrene directamente correr, pero sabía que me gustaba.


Como parte del entrenamiento del profesorado y con amigos que lo hacían, empecé a entrenar en pista. Un 25 de Mayo corrí una carrera que realizaba el regimiento en La Rioja. Quise probar aunque no estaba entrenada. Tarde 42 minutos en hacer 10k, pensé que había sido una tortuga. Luego de eso conocí a mi entrenador que me vio condiciones y me pidió que entrene con él un año. Se daba que me quedaban unas materias para terminar y  por eso acepte su propuesta.


Arranque con 64 kilos (hoy estoy en 51). Le ponía ganas, me apasionaba las sensaciones que sentía. A los tres meses ya estaba corriendo en 38 minutos y de ahí no pare nunca más. Los seis/siete años que siguieron fueron entrenar-comer dormir entrenar-comer dormir, es lo que me llevo para ser Olímpica.

En la Media de Nike 2015 cuando tarde 1h15m, termine de decidirme en encarar el camino  al Juego Olímpico. Prepare Róterdam y salió allí, el 10 de Abril de 2016, esa marca tan ansiada.

Para llegar a estar preparada pase por 800 carreras, tuve que recuperarme de lesiones y juntar moneda por moneda para viajar. Fue una hazaña haberlo logrado.

Estaba en Holanda pensando en clasificar a una Olimpiada y tenía que comer una bandejita de fideos frios  de un super chino para ahorrar plata. Además, como no entendía el idioma y estaba sola, no conseguí bebidas isotónicas. Hice todo el maratón con 3 geles y agua.


La vuelta a la Argentina la hice en un vuelo de 1000 escalas. Cuando llegue a la última que fue Brasil, me quería comprar un bizcochuelo con un café y no me alcanzaba la plata. El poder aguantar las adversidades lo aprendí de chiquitita. Todo lo que pasamos en familia me ayudo a sortear cosas que algunos no soportarían.

El 2019 va a ser algo distinto. Tendrá objetivos alejada de la calle, más relacionado a la familia y la comunidad. Feliz con la nueva etapa con esta etapa de mama, Benicio nació a fines de 2017. Sigo entrenando y cuando vuelva al alto rendimiento, mis piernas me responderán.

Corro porque me hace feliz, lo disfruto y me siento libre. Me encuentro conmigo misma, me hace sentir segura. Aprendí a disfrutar al máximo, a vivir con las cosas simples que da la vida.”

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